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Cómo viven los sectores más postergados del país, según el INDEC

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La mayor parte de los sectores por debajo de la línea de la pobreza y de la indigencia, no accede a los servicios básicos y se atienden en el sistema de salud pública. Son casi 19 millones de personas en la exclusión social, a casi dos años de la gestión de Fernández y Kirchner.

Un análisis de las condiciones de vida de las poblaciones que no alcanzan a cubrir la Canasta Básica Total –es decir, por debajo de la línea de la pobreza– y que no llegan a satisfacer sus necesidades alimentarias –no alcanzan a la Canasta Básica Alimentaria y son “indigentes”–, muestra con crudeza la exclusión que sufre un universo de 18,5 millones de personas. Es decir, el 40,6% de la población que en Argentina, es pobre o indigente a casi dos años de la gestión del presidente Alberto Fernández y la vice Cristina Kirchner.

Según se informó, unos 9,5 millones de personas (51,7%), carecen de acceso a la red pública de gas. Mientras que, de ese conjunto de las personas bajo la línea de la pobreza, 8 millones de ciudadanos (el 42,4%), no accede a la red pública de cloacas. Mientras que, el 35,8% no cuenta con obra social y sólo se atiende en el hospital público.

Estos datos que fueron recopilados por el INDEC en su medición sobre los indicadores de condiciones de vida de la población pobre e indigente, corresponden al primer semestre del año. Y muestran que la población pobre, esos casi 19 millones de personas, no sólo no cuentan con ingresos suficientes para cubrir los consumos elementales incluidos en la CBT y la CBA. Además, una gran proporción, vive en condiciones precarias, cerca de basurales o de zonas inundables. Tampoco accede a servicios públicos y muchos carecen de cobertura médica de obra social. Por no mencionar la exclusión educativa, agudizada desde 2020.

En consecuencia, la pobreza e indigencia significan un conjunto de privaciones que se superponen o potencian aún más, la carencia de recursos, bienes y alimentos.

Así pues, la medición del INDEC, en base a una serie de indicadores elementales de desarrollo humano –como el acceso al agua potable y las cloacas- buscó determinar la “distribución diferencial en distintos grupos poblacionales”, de las condiciones de vida. Puntualmente, mostrando las diferencias entre los pobres y los no pobres. Cabe aclarar que se trata de promedios generales para el país, no desagregados por regiones.

Servicios básicos

De acuerdo con la medición, el 87,7% de las personas tiene acceso a la red pública de agua corriente. Pero entre los no pobres, el acceso asciende a 89,9%. Mientras que entre los pobres no indigentes, baja al 87,5%. Y se reduce a 77,6% entre los indigentes.

Respecto al acceso al gas de red, 66% de la población cuenta con el servicio. En las personas que se ubican sobre la línea de pobreza ese valor asciende a 77,4%. Pero entre las personas pobres no indigentes, el porcentaje desciende a un 51,3%. Y en las personas indigentes en un 39,9%. Cabe aclarar que en provincias como Misiones, el acceso al gas de red es nulo, porque nunca llegó el servicio de gas en red.

En cuanto a las redes de cloacales, un 68,5% de la población total accede a las mismas. Pero ese promedio muestra notorias diferencias entre los no pobres y los pobres e indigentes. Entre los primeros, un 75,6% accede al servicio elemental. Mientras que en los pobres no indigentes, la proporción cae a un 60,3%. Y entre los indigentes llega a un 47,7%.

Estos tres servicios combinados, muestran un acceso promedio del 50,9% del total de la población. Es decir, la mitad de la población del país no accede a alguno de esos tres servicios. Pero entre los no pobres, el porcentaje sube a un 62,1%. Por otra parte, los pobres no indigentes y los indigentes acceden en un 36,0% y 24,2%, respectivamente.

Viviendas

En cuanto a las viviendas, el INDEC detalló sobre la calidad de las mismas: “de los datos del primer semestre del año se desprende que el 78,7% de las personas habitan en viviendas cuyos materiales poseen calidad suficiente. Para las personas que se encuentran por encima de la línea de pobreza ese valor asciende a 86,9%, desciende a 68,6% en el caso de las personas pobres no indigentes, y a 54,9% en el de las personas indigentes”.

Asimismo, como ocurrió con todas las variables observadas, los no pobres muestran mejores porcentajes en lo que refiere a la ubicación de las viviendas. Más precisamente, en la desfavorable cercanía a basurales o la instalación en zonas inundables. Un 6% de la población total habita cerca de basurales. Pero entre las personas por encima de la línea de pobreza ese valor desciende a 4,5%. Mientras que entre los pobres no indigentes sube al 6,9%. Y al 11,8% entre los indigentes.

Un el 8,6% de la población total reside en zonas anegables. Pero este dato baja al 5,8% en la población no pobre. En tanto, el 10,7% de los pobres no indigentes y el 16,4% de los indigentes habita en zonas que se inundan.

Cobertura médica

Finalmente, uno de los datos más duros que muestran la vulnerabilidad y la exclusión de las personas pobres e indigentes, en comparación con las no pobres, gira en torno a la cobertura médica. Mientras que un 63,7% de la población tiene cobertura de obra social, prepaga o mutual, esta proporción asciende a 74,7% entre los no pobres.

Sin embargo, apenas el 31,9% de los pobres no indigentes y el 14% de los indigentes, cuentan con obra social, prepaga o mutual. Es decir, el 68,1% de la población pobre y el 86% de los indigentes, dependen de la Salud Pública para su cobertura médica.

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