12 agosto, 2022

A dos años del inicio de la cuarentena: lamentos, frustraciones, reconversiones y alegrías después del encierro

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El 20 de marzo de 2020 comenzó en el país el período de aislamiento social, preventivo y obligatorio que cambió la vida de todos. La de emprendedores que tuvieron que buscar otro rumbo para subsistir, la de los que tiraron la toalla obligados por la crisis económica, la de los que se volcaron a iniciativas solidarias, la de los que encontraron el amor. Aquí, diferentes formas de cómo impactó el confinamiento

“Nadie puede moverse de su residencia, todos tienen que quedarse en sus casas”, había expresado tajante el presidente Alberto Fernández al anunciar el inicio del Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO), hace dos años. Por aquel entonces, la cifra total de contagios de coronavirus ascendía a 128 en todo el país y los términos como “distanciamiento social”, “trabajadores esenciales” y “cuarentena” no formaban parte de la vida cotidiana. La gran mayoría de las personas ni siquiera usaba barbijo cuando tenía que salir a la vía pública, ya que su efectividad todavía no estaba comprobada y aún no era recomendado por las entidades internacionales de la salud.

La medida para mitigar la propagación del COVID-19 comenzó a regir desde las 00 del viernes 20 de marzo y, en principio, iba a extenderse hasta el 31 de ese mes. Ya todos lo saben: duró mucho tiempo más y en los días siguientes se hizo habitual observar ciudades vacías, desiertas, con mucho menos movimiento que un día feriado; calles en silencio en las que se distinguía la presencia de fumigadores, del personal de seguridad y de agentes de tránsito encargados de controlar a quienes tenían la autorización correspondiente para salir a trabajar, aquellos que fueron llamados “exceptuados” -otra palabra que se familiarizó enseguida- y que se desempeñaban en alguna de las 24 actividades calificadas como esenciales.

Empezó así la “nueva normalidad” que cambió la vida de todos. La de los integrantes del sistema de salud que lucharon a destajo contra la pandemia y la de quienes perdieron a un ser querido por el COVID-19 y, en muchos casos, no pudieron despedirlo. La de los que pelearon para mantener en pie su negocio ante la crisis económica y la de los que se las ingeniaron y rebuscaron otras formas para subsistir y poder seguir trabajando. La de los que postergaron -o directamente cancelaron- sus sueños y la de los que encontraron una mejor vida, entre tanta incidencia negativa. A continuación, cuatro casos que reflejan el impacto del confinamiento.

“Aquí yacen los restos de una pyme Argentina”Gabriel junto a Rosa, la gerenta del lugar, cerrando de manera definitivo el Hostel Happy en la provincia de CórdobaGabriel junto a Rosa, la gerenta del lugar, cerrando de manera definitivo el Hostel Happy en la provincia de Córdoba

Para Gabriel González, la cuarentena significó el fin del emprendimiento que era su fuente de ingresos desde el 1 de abril de 2012. Era propietario de un hostel en la ciudad de Córdoba, un lugar que llegó a tener 75 camas con desayuno incluido y que logró posicionarse como referencia para los visitantes de todo el país y el mundo. Se llamaba Happy Hostel y le permitió al emprendedor solventar sus estudios: “Gracias a este negocio próspero pude recibirme de Ingeniero Civil en la Universidad Nacional de Córdoba. En mi último año gané una beca y obtuve una doble titulación en Italia”.

El proyecto afrontó las reiteradas fluctuaciones económicas del país. Sin embargo, no resistió a los meses de inactividad como consecuencia del ASPO. González ya no pudo afrontar el alquiler del edificio y, tres meses después de comenzada la cuarentena, se vio obligado a bajar las persianas. Anunció el cierre definitivo con un pasacalles que decía lo siguiente: “QEPD Happy Hostel. Aquí yacen los restos de una pyme Argentina. No resistió 90 días de proscripción. Gracias políticos por haber hecho esto”.El establecimiento hotelero comenzó a ser desmantelado tres meses después de iniciada la cuarentenaEl establecimiento hotelero comenzó a ser desmantelado tres meses después de iniciada la cuarentena

En los días siguientes, convocó a los cuatro empleados y juntos empezaron a desmantelar el espacio. “Le regalé la cocina a Rosa, que pasó de ser gerente a ponerse una pollería en su casa, algunas camas para los otros empleados y a vender el jardín de colchones que me quedaron al menudeo”, dijo por entonces. Y sintiendo “bronca y tristeza”, se mostró convencido de que su futuro estaba fuera del país: “Mi parte racional dice que hasta acá llegué, la Argentina no está lista para los emprendedores”.El dueño vendió al menudeo el jardín de colchones que le quedaronEl dueño vendió al menudeo el jardín de colchones que le quedaron

A 21 meses del adiós del Happy Hostel, González tiene ahora su vida en España. Se mudó en octubre del año pasado a Barcelona. Ahorró un poco de dinero que usó para pagar el alquiler de una habitación y, ni bien pisó suelo europeo, inmediatamente buscó trabajo. Lo consiguió a poco de aterrizar en una tienda de ropa.

En la actualidad tiene dos trabajos, ya que tiempo después también obtuvo un empleo en ingeniería civil. Del otro lado del teléfono, dice que no se arrepiente para nada de la decisión que tomó. Al contrario, sostiene: “Tiré 20 años en la Argentina”.Así luce en la actualidad el terreno donde se ubicaba el hostelAsí luce en la actualidad el terreno donde se ubicaba el hostel

“Argentina es un The Truman Show, es todo mentira. Es un país maravilloso, con una cultura maravillosa, pero está orquestado para que la gente la pase mal. El sistema está mal y no va a cambiar nunca. Y la gente está psicológicamente afectada. Si la energía que cada uno pone día a día en sus proyectos la pusieran en un país normal, tendrían una mejor calidad de vida. En otro lugar el esfuerzo vale. Pero en Argentina no”, analiza el ingeniero.

“A veces, hay días en los que agradezco la estocada final que la cuarentena le dio al hostel. Si no hubiera pasado, quizá todavía estaría agonizando en la lucha por mantenerlo. Y la vida no es para subsistir, para padecerla. Hay que buscar vivir tranquilo”, finaliza.

La despedida de un clásico porteñoEl Trapiche fue una referencia de la gastronomía porteña durante más de 30 años (Franco Fafasuli)El Trapiche fue una referencia de la gastronomía porteña durante más de 30 años (Franco Fafasuli)

A fines de 2020, la Confederación de la Mediana Empresa Argentina (CAME) publicó un relevamiento en todo el país sobre el impacto de la pandemia y de la cuarentena en el consumo y en las ventas. El informe fue demoledor: se estimó que, hasta ese entonces, habían cerrado 90.700 comercios minoristas y se registraba un promedio de 9 locales vacíos por cuadra a nivel nacional. Uno de los sectores más golpeados fue el de la gastronomía y la hotelería: según la Federación Empresaria Hotelera Gastronómica (FEHGRA), ese año desaparecieron unos 8.000 establecimientos.

Una de las víctimas fue el “El Trapiche”, un tradicional restaurante que debió despedirse de sus clientes tras 31 años de trabajo sin interrupciones en el barrio de Palermo.Otros tiempos: el salón de El Trapiche en su época de esplendor (@eltrapichepalermo)Otros tiempos: el salón de El Trapiche en su época de esplendor (@eltrapichepalermo)

Inaugurada en 1989 y ubicada en la esquina de Paraguay y Humboldt, esta cantina supo ser tan célebre por el sabor y la abundancia de sus platos, con una cocina que aunaba recetas típicas nacionales, con otras españolas e italianas. Entre los manjares sobresalían las tortillas de papa, las rabas, las pastas caseras. La estrella era la entraña con morrón asado. Los dueños cuentan que El Trapiche transitó una época de esplendor durante los 90 y hasta 2008. En su largo apogeo, tuvo capacidad para 400 platos y recibió muchas visitas ilustres. Desde Diego Maradona, Ricardo Bochini y otros deportistas consagrados hasta figuras de Hollywood como Willem Dafoe y Adrien Brody, pasando por políticos, músicos, escritores y periodistas, entre otros.

Miguel Suárez, hijo de uno de los fundadores, sintetizó el secreto del éxito en la combinación de buena mercadería, buena atención y porciones grandes y bien preparadas. “Ahí estaba la clave. Nuestros clientes siempre fueron fantásticos, siempre volvieron. Ahora que cerramos nos escriben nuestros clientes, sus hijos, sus padres, los nietos. Hemos terminado con grandes relaciones con todos y nos pone muy contentos”, remarcó Miguel poco después de la despedida.Postal de la cantina poco antes de ser desmantelada (Franco Fafasuli)Postal de la cantina poco antes de ser desmantelada (Franco Fafasuli)

“Señoras y señores, desde una cuenta familiar, les compartimos que hemos concluido un ciclo de más de 30 años”, se lee en el inicio del mensaje que anunció públicamente el final de El Trapiche en Instagram, el 17 de junio de 2020. Fue la última publicación de una cuenta que desde entonces permanece inactiva.

En ese momento parecía una decisión irreversible pero ¿se trató del adiós definitivo? Muy posiblemente no: desde la familia Suárez dejaron trascender que, pensando hacia futuro, tienen intenciones de volver al rubro gastronómico, aunque no en lo inmediato.

“Mano Libre”

La pandemia impuso nuevos hábitos sociales. Por ejemplo, desinfectarse a cada rato las manos con jabón o alcohol en gel se volvió una costumbre. Más que nunca, la gente empezó a prestarle atención a todo lo que tocaba con sus manos. Se crearon así otras necesidades diarias.

Martín Rodríguez Riou es ingeniero industrial y dueño de una empresa en Tigre. Se llama Bremet y se dedica a la inyección de metales no ferrosos. Interpretando el contexto, a las pocas semanas después de que empezara el confinamiento reinventó su producción con dos objetivos: para seguir trabajando y para buscar elementos que colaboren con la disminución de contagios.

Con esas premisas creó un pedal de aluminio para puertas. Este elemento permite abrirlas con el pie y de ese modo evitar tocar el picaporte. Se trata de un objeto adaptable, 100% argentino y realizado a partir de aluminio reciclado. Puede ser aplicado a cualquier tipo de puerta, aunque está pensado para lugares de alto tránsito como estaciones de servicio, restaurantes y shoppings, explicó Rodríguez Riou.El ingeniero desarrolló ambos productos para seguir trabajando y colaborar con la disminución de contagiosEl ingeniero desarrolló ambos productos para seguir trabajando y colaborar con la disminución de contagios

La idea se le ocurrió tras ver en YouTube un video de un artículo similar que se usaba en Estados Unidos. No fue el único: también desarrolló, bajo la marca Mano Libre, un llavero de plástico para tocar botones de ascensores o cajeros automáticos, en vez de hacerlo directamente con los dedos.

Rodríguez Riou destacó que “el espíritu de la propuesta fue seguir manteniendo la fuente de trabajo de los empleados” en el marco de una actividad parada, “pero a la vez para prevenir la propagación del COVID- 19″. La iniciativa también tuvo un fin solidario: por cada producto vendido se donó otro igual a hospitales o instituciones de bien público.

Superado el tiempo de restricciones, Bremet volvió a la producción de piezas para autos, motos y artefactos de electricidad, su actividad principal. “Los pedales y los llaveros tuvieron éxito temporalmente. Fui el primero que los largó a la cancha y después hubo otros que se dedicaron a hacerlos más económicos con otros métodos, entonces dejé de venderlos”, repasó el propietario en diálogo con Infobae.Rodríguez Riou desarrolló un llavero de plástico para tocar botones de ascensores o cajeros automáticos, en vez de hacerlo directamente con los dedosRodríguez Riou desarrolló un llavero de plástico para tocar botones de ascensores o cajeros automáticos, en vez de hacerlo directamente con los dedos

Rodríguez Riou contó, además, que le quedaron algunos pedales y llaveros en stock. Dijo que está dispuesto a regalarlos o venderlos a un precio simbólico de $1 cada uno. “Para mí, es mercadería obsoleta”, explicó el ingeniero y aclaró que el remanente se donará solamente todo en bloque, a una empresa o entidad que lo necesite, y no por cantidad minorista. El medio para contactarlo es a través de la página web (www.bremetsa.com.ar) o del celular +54 9 11 2647-1918.

Amor en tiempos de cuarentenaClara Giménez Zapiola y Francisco Toruella se conocieron a través de una aplicación de citasClara Giménez Zapiola y Francisco Toruella se conocieron a través de una aplicación de citas

En época de ASPO también hubo quienes encontraron el camino hacia el amor. A pesar de tener que pasar más horas en el hogar de lo acostumbrado; a pesar de que los bares, boliches, gimnasios u otros espacios comunes de encuentro se mantenían cerrados; a pesar de que, en un momento, las salidas de esparcimiento eran habilitadas según la terminación numérica del DNI.

Incluso en este contexto hubo lugar para enamorarse. Le pasó, por ejemplo, a Marcela D’Ambrosio, que estaba de vacaciones en Pinamar cuando se decretó la cuarentena. Allí se reencontró con su novio de la adolescencia después de 30 años, volvieron a entablar una relación y eligió quedarse a vivir con él en la Costa Atlántica. O a Carolina Rabasa Rucki, quien conoció a Bryan Boyle unos días antes del confinamiento estando en Londres, y tuvo que regresar en un vuelo de repatriados, para luego continuar el vínculo de manera virtual. También a Clara Giménez Zapiola (33) y Francisco Toruella (36).

Clara y Francisco se unieron a través de una aplicación de citas, Bumble. Descreída y un poco desilusionada por otras relaciones que no habían prosperado, ella se había registrado a modo de diversión. “Lo usaba para pasar el rato, miraba, le ponía me gusta, o no… y seguía de largo”, contó. Sus caminos se cruzaron a fines de abril de 2020. “Hicimos match, y nos pusimos a hablar. La conexión fue instantánea, tal es así que decidimos hacer una videollamada”, recordó ella.La pareja consolidó la relación: comenzaron a viajar juntos y, dicen, tienen planes a futuroLa pareja consolidó la relación: comenzaron a viajar juntos y, dicen, tienen planes a futuro

La relación continuó con mensajes y llamadas hasta que un día la mujer le propuso salir a pasear a su perro por la manzana de su barrio: “Me puse el barbijo, agarré dos latas de cervezas y caminamos sin parar de hablar unos 40 minutos. En el trayecto un vecino decidió hacer un show en el balcón, así que tuvimos hasta un recital gratis. Así fue nuestra primera cita”.

Los días pasaron y hacían malabares para verse. “No estaba todo abierto, y las posibilidades de encuentro eran escasas, lo hacía venir al departamento siempre con barbijo y manteniendo los cuidados… poco a poco me di cuenta de que me estaba enamorando”, admite Clara.

El primer beso -”un piquito”- llegó el 15 de mayo. “Estamos en casa, me dio un abrazo y nos dimos el beso. Era sencillo estar con él. Al ser arquitecto como yo compartimos tiempo en mi taller de casa, hablamos de trabajo… incluso llegó a pintar nuestras primeras citas”.

La pandemia aceleró los tiempos de la pareja. En agosto se mudaron juntos a una casa en Pilar y posteriormente a Nuñez, donde ella instaló su estudio de arte. Desde entonces la relación siempre progresó: hicieron viajes juntos y pasaron las Fiestas en familia. “Somos una pareja consolidada y con planes a futuro”, dijo Clara.

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