8 diciembre, 2022

El rescate y la conservación de la flora autóctona de Misiones

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El Centro de Investigaciones del Jardín Botánico funciona en Posadas. Allí se reproduce un gran cantidad de plantas que luego se usarán para repoblar la ciudad

La voracidad de los incendios que destruyeron flora autóctona y la vida silvestre, además del evidente cambio climático que ya causa estragos, evidencian más que nunca la importancia de los árboles nativos, la necesidad de preservarlos y de evitar la deforestación de  los espacios verdes de la provincia.

Esta tarea y responsabilidad la tienen muy en claro Agostina Le Vraux y Rafaela Morales, investigadoras de las facultades de Ciencias Exactas y de Forestales, respectivamente de la Universidad Nacional de Misiones, que coordinan el Centro de Investigaciones del Jardín Botánico que funciona desde 2018 en Posadas.

El lugar cuenta con dos laboratorios donde se elaboran herbarios (registro con información específica de cada especie), de árboles semilleros de la ciudad. Además hacen recolección de semillas y las tratan para luego ser plantadas o bien, conservarlas como material para el futuro. En uno de esos laboratorios se utiliza la biotecnología para germinar semillas de especies más complejas.

Es un trabajo exhaustivo que luego de todo el proceso con la semilla y su germinación irá al invernadero donde se encuentran diversas especies autóctonas de Misiones y otros tantos frutales.

Cañafístola, lapachos, palo rosa, azota caballos, flor de San Juan, bromelias, iridáceas, jacarandá, yacaratiá, pitanga, jabuticaba, son algunas de las plantas con las que cuenta el vivero actualmente y cuyo destino será para repoblar el Jardín Botánico y distintos espacios verdes y barrios de Posadas; también hay posibilidad de que destinen algunos plantines para repoblar zonas afectadas por los incendios.

De la recolección a la tierra

Las investigadoras tienen identificados distintos árboles semilleros en el Jardín Botánico, en el Parque de la Ciudad y en otros puntos de la ciudad, para hacer las recolecciones de las semillas.

“Dependiendo de la especie se hace un tratamiento pregerminativo de la semilla. El timbó, por ejemplo, necesita un tratamiento mecánico en que el que hay que lijar la semilla un poquito para que después ingrese más fácil el agua y germine; otras necesitan estar 24 horas bajo servilleta húmeda y al otro día ya se siembran y otras se siembran directamente en almácigos porque no necesitan ningún tratamiento”, explicó la ingeniera forestal, Rafaela Morales.

Por su parte, la genetista Agostina Le Vraux, agregó: “En el caso de especies que sean muy difíciles de germinar se puede hacer rescate de embriones ahora que ya tenemos un laboratorio con más tecnología. Un ejemplo son los helechos arborescentes, que son diferentes porque tienen esporas, no semillas”.

Este procedimiento se hace en un segundo y nuevo laboratorio que obtuvo equipamiento para hacer biotecnología gracias al Plan de Mejoramiento.

Es aquí donde las investigadoras llevan a cabo una de las tareas más importante en lo que se refiere a la conservación de la flora autóctona. Están tratando de reproducir ejemplares de helechos arborescentes (chachí manso y chachí bravo) que se encuentran en la selva misionera y además de estar en peligro de extinción, fueron alcanzados por los incendios.

“Nuestros becarios fueron a recolectar las hojas que tienen las esporas en la Reserva de Usos Múltiples Guaraní. Con todo el tema de los incendios esa área se vio muy afectada y ahora todo este trabajo tiene un valor biológico mucho mayor que cuando empezamos en diciembre a hacer la recolección”, contó Agostina.

Y en esa misma línea, continuó: “La idea es hacer conservación de ese germoplasma y además poder utilizarlo para hacer la propagación. En ese caso secamos las hojas en la estufa a 60° -son hojas que miden unos dos metros-, luego las guardamos en la heladera en sobres de madera”.

Después de esto el trabajo continúa en el laboratorio. Dado que este helecho no tiene semillas sino que se propaga a través de las esporas -que no son visibles al ojo humano-, las investigadoras inspeccionan las hojas en busca de esos pequeños cuerpos mediante una desarrollada lupa.

Después de esta verificación bajo la lupa “repaso un pincel por las hojas para sacar las esporas y una vez que lo hago lo pongo en la bandeja que es apta para soportar calor y presión baja con un sustrato”.

Ese recipiente con las partículas se deposita en un espacio que tiene una luz que se mantiene prendida por un período de catorce horas seguidas (fotoperíodo) y luego se apaga y además permanece en una temperatura que oscila entre los 28°.

En el vivero

Todo el largo trabajo de las investigadoras se ve reflejado en el vivero, donde miles de plantines, unos más pequeños y otros más desarrollados, conviven armónicamente al cuidado de los trabajadores municipales. Allí reciben su dosis diaria de agua y además del fertilizante cuando lo requieren.

Este espacio además da lugar a que se desarrollen proyectos de investigación de ambas facultades y además se hacen diferentes tesis.

“Los plantines primero están en las bandejas, luego se pasan a unas bolsas con las que después pueden ir a la plantación. Pasan al área de rustificación donde hay una mayor incidencia de luz para que las plantas vayan adquiriendo la resistencia para ser plantadas en los espacios”, explicaron las profesionales.

El lugar funciona a partir de un convenio entre la Unam y el municipio donde trabajan en conjunto la universidad con la Secretaría de Planificación Estratégica y Territorial y la Secretaría de Obras y Servicios Públicos. 

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