8 diciembre, 2021

“Primero se crece, después se paga”

Spread the love

El Gobierno nacional tiene en sus manos una bomba de tiempo

Resulta inquietante y llamativo que, con la dura derrota de las PASO sobre las espaldas, ni Alberto Fernández ni Cristina Fernández hayan conseguido modificar la actitud de pegarse tiros en los pies, convertida casi en práctica cotidiana. El Gobierno sigue anclando su suerte del 14 de noviembre al “plan platita”. Como si, por sí sólo, pudiera revertir el rechazo que recibió del 70% de la sociedad que concurrió a votar.

Hay episodios que parecen anecdóticos. En verdad, son piezas de una bomba que podría estallar en el instante menos pensado. Hay sucesos graves que nunca fueron tomados en serio, ahora recrudecen, y amagan con poner a la Argentina a un paso del abismo. Veamos los casos. En medio de enormes privaciones y un cuadro dramático de pobreza, Cristina Kirchner se hizo adjudicar el cobro de dos pensiones vitalicias de “rango presidencial”.

La vicepresidenta recibe $2.500.000 mensuales desde marzoTendrá un retroactivo de $ 125 millones por la objeción judicial, cerrada en sólo 4 meses, nacida en épocas del gobierno de Mauricio Macri. Un contraste flagrante con los $26 mil pesos que recibe el 70% de los jubilados argentinos. Con ese dinero deben sobrevivir en un país cuyo ingreso familiar para cubrir las necesidades básicas oscila en $70 mil. La desigualdad no involucra solo a Cristina Kirchner.

Aquella resolución discrecional, más allá de sus fundamentos legales, espolea el estado de ánimo predominante en la sociedad que todas las encuestas siguen registrando, aún después de la catarsis de las PASO. Un sentimiento de bronca, de repudio ante el cual el “plan platita” no parece constituir un sedante. La premura de la vicepresidenta por liquidar ahora su situación jubilatoria tenga, tal vez, que ver con eso.

Es decir, los comicios de noviembre probablemente consoliden su debilidad. La maniobra podría resultar entonces más riesgosa que ahora. La persistencia de la bronca desatendida puede derivar en reacciones furibundas. También irracionales. Se observó en una cuestión más grave que la desigualdad de haberes. La puja entre la vida y la muerte. Afloró en reclamos por la inseguridad, mientras Aníbal y Berni parecen entretenerse intercambiando dibujitos.

El estallido ocurrió en Rosario, una ciudad conmovida hace una década por la criminalidad narco. La mecha fue el asesinato de un arquitecto de 34 años cuando iba a guardar su auto en un garaje del barrio de Arroyito. Delito frecuente. Una muchedumbre marchó protestando por las calles de aquella ciudad. Con ánimo belicoso. El gobernador peronista Omar Perotti y el intendente radical, Pablo Javkin, salieron con buena voluntad a dar explicaciones.

Esos desacoples, en plena campaña, son evidentes en casi todas las áreas del poder. El avance de Feletti y su segunda, Débora Giorgi, suena descomedido sobre el equipo económico que aún conserva el Presidente. Aunque parezca aventurado, se podría insinuar algo: aquellos funcionarios sueñan ocupar los sillones de Guzmán y del ministro de Producción, Matías Kulfas luego de la derrota que presienten en noviembre.

En su última reunión con empresarios Alberto Fernández dijo que faltaban detalles para cerrar la coincidencia. Cristina Kirchner y La Cámpora le cercaron ese optimismo en el acto de recordación de la muerte de Néstor Kirchner. Estamparon el eslogan “Primero se crece, después se paga”. El Presidente se ultrakirchnerizó. Dejó la posibilidad de un acuerdo en la banquina. Se acomodó al auditorio. Como lo hace siempre.

Una seria dificultad para reponer la confianza en el exterior que hoy no existe. Da la impresión que en esta recta final de la campaña el esfuerzo del Presidente y los candidatos del Frente de Todos estaría colocada antes en retener su núcleo duro de votantes que en un crecimiento que le permita atenuar la derrota o dar vuelta la elección. Los intendentes del Conurbano trabajan a destajo.

La chapucera peripecia judicial con Mauricio Macri por la causa de supuesto espionaje apuntaría a contentar a la misma clientela. El esfuerzo no se reflejaría todavía en las encuestas que maneja el propio oficialismo. El paisaje está como en septiembre. Con variantes mínimas. Nadie en el Gobierno posee la expectativa de dar vuelta la elección. Ruegan que la debacle no sea superior a la de septiembre. Repiten una frase que hizo resonar Manzur: “Ojalá que Dios nos ayude”.

Total Page Visits: 19 - Today Page Visits: 1