2 diciembre, 2021

Donó biombos a la comisaría y sueña con enseñar carpintería

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Para quienes se desempeñan dentro de los servicios esenciales, disponer de los elementos de protección es algo fundamental. Ante la falta de alguno de estos elementos, el carpintero de San Pedro Javier Mallorquín decidió fabricar y donar biombos a la entidad policial de esta localidad, gesto con el cual impulsa la empatía en tiempos de pandemia y pone de manifiesto su anhelo por enseñar carpintería, en un municipio que carece de esta formación.

Javier empezó a incursionar en la carpintería en el 2000. En sus primeros pasos tuvo como maestro a José Ángel Rodríguez, se fue puliendo mediante el trabajo con otros carpinteros y logró realizar el sueño de todo aprendiz; independizarse, siendo un punto importante en su carrera, la formación. Realizó varios cursos, uno de ellos en la Escuela Provincial de Educación Técnica N° 1 de Posadas, especializándose en carpintería de banco. Más tarde estudió el Profesorado de Educación Técnica y Técnico en Higiene en el Instituto Saavedra, sede San Pedro. 

Actualmente, su rutina se divide entre las horas de clases en las sedes de la UGL3, ubicadas en la zona rural y la alta demanda en trabajos de carpintería que recibe. Como buen sampedrino, siempre estuvo predispuesto a brindar algún aporte a la comunidad y una de ellas es poder contribuir en tiempos de pandemia y desde sus posibilidades aportar.

En el caso de la Comisaría Seccional Primera, los recursos tanto humanos como materiales son muy limitados. El carpintero observó con inquietud la falta de un necesario elemento de bioseguridad en la mencionada dependencia policial, circunstancia que no sólo pone en riesgo la salud de los agentes sino que también interfiere en la atención a los quienes eran atendidos en la puerta de la Comisaría donde colocaron un escritorio a fin de impedir el ingreso, generando aglomeración y en días de lluvia y frío,  la situación resultaba compleja.

Por eso Javier decidió intervenir. Su fabricación consiste en biombos seguros, higiénicos y con un costo económico muy por debajo, en comparación a algunos modelos que se consiguen en el mercado.  Uno de los primeros fue construido a modo de exhibición al ser instalado en una mesa electoral -con el fin de que la comunidad, en especial las instituciones públicas y comerciantes-, conozcan el producto, ya que para muchos adquirirlos en otro mercado resulta muy costoso.

El mismo biombo que fue utilizado en las elecciones fue remodelado, con previa aceptación del Jefe de la Comisaría Seccional Primera e instalado, tornando el ambiente laboral más seguro en cuanto a salubridad tanto para los efectivos como para las personas que requieren algún servicio. Similar producto será instalado en el edificio donde está funcionando la Comisaría de la Mujer.

La iniciativa no tiene como fin publicidad sino poner a disposición el modelo y los conocimientos para las demás entidades que así lo requieran. Entusiasmado y repletó de satisfacción.

“La idea es transmitir a la población que se puede tener más protección. A un bajísimo costo se pueden resguardar muchas vidas, en las instituciones públicas como la Policía el flujo de personas es mucha y viendo todos los días una preocupante realidad, realicé esta donación. Es devolver un poco a la comunidad, a nuestro pueblo, todo lo que me da”, indicó Javier Mallorquín.    

En este caso el biombo fue fabricado de forma manual con madero de pino, por tratarse de una madera blanda que por sus características es maleables al momento de trabajar. “Se le coloca con engrapadora un hule brillante, de acuerdo a la dimensión en este caso mide 2,40 metros de ancho por 95 centímetros de alto, después de un lijado fino lleva una tinta que puede ser base acuosa con eso le da un color a gusto. En otros casos se puede utilizar lacas o barnices. Lleva un remarco que protege el biombo luciendo estéticamente mejor”, explicó Mallorquín sobre el proceso y materiales.

En sus dos décadas de experiencia el hombre nota la falta de mano calificada para varios rubros, siendo uno de ellos la carpintería. En ese caso puntual, el cliente consulta por una enorme variedad de trabajos, que van desde la reforma estructural de una vivienda, mampostería  hasta reparación de alguna ventana y no encuentra un profesional que pueda cubrir esa demanda, justamente porque en la zona del Alto Uruguay no existen talleres de formación relacionados al rubro.

Siguiendo esta idea, el carpintero manifestó su anhelo personal de que se dispongan los medios para que los jóvenes y quienes ya trabajan en el rubro puedan potenciar sus pequeños talleres. “Hemos presentado un proyecto y tenemos un centro en la localidad, sería de gran ayuda para una zona como San Pedro, donde la madera está presente tengamos la posibilidad de mejorar ese producto desde la capacitación”, señaló.

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