Con la presencia del gobernador Hugo Passalacqua, la provincia conmemoró el Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia con un fuerte mensaje institucional: recordar, reflexionar y sostener el “Nunca Más”.
En el marco del 50° aniversario del Golpe de Estado en Argentina de 1976, Misiones llevó adelante un acto conmemorativo en el Aula Magna del Instituto Montoya, donde se rindió homenaje a Jorge Kemerer, una figura clave en la defensa de los derechos humanos durante la última dictadura.
La ceremonia comenzó con la colocación de una ofrenda floral al pie del busto del ex obispo, seguida de un minuto de silencio acompañado por el toque de clarín. Luego, referentes del ámbito académico, histórico y social compartieron reflexiones, junto a una invocación religiosa encabezada por Juan Rubén Martínez.
“Un día terrible que obliga a reflexionar”
Tras el acto, Passalacqua no esquivó la crudeza del aniversario: “Es un día horrible, recordar 50 años de una ferocidad increíble”, afirmó, y remarcó el carácter “cívico-militar” del golpe, en una definición que apunta a mantener viva la discusión histórica.
El mandatario explicó que la jornada fue concebida como un espacio de reflexión colectiva y vinculó el homenaje a Kemerer con valores concretos: “estar cerca del que sufre”, especialmente en los momentos más oscuros del país.
Testimonios que incomodan (y por eso importan)
Uno de los momentos más potentes llegó con la intervención de Francisco Perié, quien reconstruyó en primera persona el impacto de la represión en la provincia. Detenciones, traslados, cárceles y familias quebradas: el relato no dejó lugar para eufemismos.
Perié destacó el rol de Kemerer como sostén en ese contexto. “Las visitas del obispo eran fundamentales”, recordó, al tiempo que subrayó su compromiso activo incluso frente a maltratos y requisas por parte de las fuerzas represivas.
También repasó la militancia juvenil previa al golpe y experiencias solidarias como jornadas de apoyo escolar para estudiantes sin recursos. “Llegamos a preparar a casi 2000 alumnos”, señaló, destacando que esas iniciativas contaron con el respaldo directo del entonces obispo.
Memoria activa, no de archivo
El cierre de su intervención fue una síntesis política del acto: memoria, verdad y justicia como procesos en curso. “No es solo reflexión, es compromiso con los 30.000 desaparecidos, con los nietos que seguimos buscando y con la necesidad de justicia”, sostuvo.
En la misma línea, la historiadora Liliana Rojas repasó la trayectoria de Kemerer y su accionar durante la dictadura, mientras que el docente Cristian Neris lo definió como un “profeta moral” dentro de la Iglesia por su postura frente a las violaciones a los derechos humanos.
Kemerer, mucho más que un obispo
Primer titular de la diócesis local, Kemerer trascendió el rol religioso para convertirse en un actor social clave en los años de plomo. Acompañó a presos políticos, asistió a sus familias y mantuvo presencia constante en un escenario atravesado por el miedo y la persecución.
Su legado también se vincula con la educación y la identidad regional, con una mirada puesta en la herencia guaraní-jesuítica como parte de la construcción cultural misionera.
Durante la jornada se exhibieron objetos personales del obispo —entre ellos su valija de viaje— como parte del homenaje.
Cultura y memoria, un cierre con sentido
El acto concluyó con una intervención artística encabezada por el ministro de Cultura Joselo Schuap junto al violinista Mariano Corbillon, quienes interpretaron “Justicia vengo a pedir”, del músico Lucas Segovia.
Una postal final que resume el tono de la jornada: memoria que no se queda en el discurso, sino que baja a tierra, incomoda y, sobre todo, insiste. Porque en Argentina, cuando se habla del 24 de marzo, no hay margen para la tibieza.








