La crisis que atraviesa la fábrica DASS en Misiones no solo se traduce en despidos y caída de la producción, sino también en un fenómeno cada vez más visible: trabajadores que cruzan la frontera para buscar empleo en Brasil, aun sabiendo que cobrarán menos y vivirán en condiciones de extrema precariedad.
En diálogo con Miguel Alfonso, el delegado de UTICRA, Gustavo Melgarejo, describió el duro panorama que enfrentan los trabajadores que, empujados por la necesidad, deciden emigrar. Según explicó, quienes se van a trabajar al país vecino perciben entre un 40% y 50% menos de salario que el que cobraban en la planta de DASS.
“Compañeros han decidido ir a trabajar a Brasil y están cobrando un 40% o casi un 50% menos de lo que cobraban en DASS”, afirmó.
La reducción salarial no es el único problema. Melgarejo advirtió sobre la profunda incertidumbre habitacional y alimentaria que atraviesan estos trabajadores. “Imagínense vivir allá, tener que mandar la plata acá… no sé qué comerán o si el patrón les da un lugar para dormir”, graficó, dejando al descubierto un escenario de vulnerabilidad extrema.
El fenómeno marca un cambio histórico en la migración laboral misionera. Durante décadas, los trabajadores se desplazaban unos 3.000 kilómetros hacia el sur argentino para participar en cosechas estacionales. Hoy, la cercanía geográfica convierte a Brasil —a unos 500 kilómetros— en el nuevo destino de la desesperación, aunque eso implique resignar poder adquisitivo y derechos laborales.
“El misionero antes se iba al Sur, a 3.000 kilómetros. Hoy le queda mejor acá al lado, a 500 kilómetros, pero el gobierno va a tener que ver cómo revertir esta situación”, sostuvo Alfonso.
En ese marco, el dirigente lanzó duras críticas contra sectores de la Unión Cívica Radical y La Libertad Avanza. Los acusó de impulsar políticas de libre mercado y aranceles que, según afirmó, terminan destruyendo la industria local, mientras responsabilizan a la provincia por la falta de empleo. También cuestionó la ausencia de autocrítica de quienes promueven este modelo económico. “No hay media culpa de los que defienden el libre mercado y después se sorprenden cuando el tejido industrial se rompe y los trabajadores tienen que irse”, señaló.
La situación en DASS, advirtieron, expone una crisis que va más allá de una empresa: revela un modelo que empuja a los trabajadores a emigrar, aun cuando eso signifique ganar menos, vivir peor y alejarse de sus familias.


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