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Alarma sanitaria: el aumento de la mortalidad infantil expone fallas profundas del sistema

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El pediatra y exministro de Salud de Misiones, Dr. Oscar Alarcón, advirtió que el aumento en las tasas de mortalidad infantil constituye la señal más grave de que un país o una región están fallando en sus bases económicas, sociales y sanitarias. Para el especialista, se trata del indicador más crudo del nivel real de desarrollo.

“La mortalidad infantil es un termómetro del desarrollo”, explicó Alarcón, y fue categórico: una tasa de 14 muertes por cada mil nacidos vivos refleja de manera directa que “algo mal está ocurriendo en ese lugar” y que no existen las condiciones mínimas de desarrollo económico, social y financiero. “Si la mortalidad infantil está en 14 por mil, tengo que pensar que no hay desarrollo”, sostuvo.

En contraste, el exfuncionario destacó los resultados obtenidos durante su gestión al frente del Ministerio de Salud provincial. Señaló que entre 2022 y 2023 Misiones logró reducir la mortalidad infantil a niveles de 7,2 o 7,3 por mil, cifras que ubicaron a la provincia entre las mejores del país en materia de indicadores sanitarios.

Sin embargo, Alarcón encendió una señal de alerta de cara a los datos de 2024, que aún no fueron publicados oficialmente. Según adelantó, las estadísticas preliminares muestran un pequeño incremento en la mortalidad infantil, lo que evidencia que Misiones no está aislada de la compleja situación que atraviesa la Argentina. “En 2024 va a haber un pequeño incremento y eso habla de que el país está en una situación muy compleja”, advirtió.

El médico remarcó que el fenómeno tiene causas multicausales, pero que todas remiten a un mismo núcleo: las necesidades básicas insatisfechas. La dificultad para acceder a los controles médicos durante el embarazo y la primera infancia, sumada a los problemas de alimentación, aparece como un factor determinante en el deterioro de estos indicadores.

En ese sentido, Alarcón subrayó que la muerte de un niño o de una madre no es un hecho aislado ni fortuito, sino el desenlace final de un proceso previo de exclusión y fallas estructurales. “La mortalidad infantil es el último eslabón. Todo empieza mucho antes: en las necesidades básicas insatisfechas, en que no pueden llegar a los controles, en un sistema que no está funcionando ni en lo social ni en lo preventivo”, explicó.

Las cifras que se conocerán en los próximos meses, concluyó, no solo medirán resultados sanitarios, sino también el impacto real de la crisis social y económica sobre los sectores más vulnerables de la población.

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