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Salarios en rojo: ATE estima que el ingreso mínimo en Misiones debería superar los $2 millones

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Un informe basado en datos del INDEC revela el deterioro del poder adquisitivo y expone la brecha creciente entre ingresos y costo de vida en el NEA.

Un nuevo informe encendió alarmas en el noreste argentino. Según un relevamiento difundido por la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE), el salario mínimo necesario en la región —que abarca Misiones, Formosa, Chaco y Corrientes— debería ubicarse en al menos $2.024.299 mensuales para cubrir necesidades básicas.

El cálculo, elaborado en base a datos oficiales del INDEC, vuelve a poner en primer plano un problema que los trabajadores estatales vienen denunciando hace tiempo: la pérdida sostenida del poder adquisitivo en un contexto de inflación persistente y deterioro de los ingresos reales.

En Misiones, el impacto es directo. Los salarios actuales quedan muy por debajo de ese umbral teórico, lo que profundiza la brecha entre lo que se percibe y lo que efectivamente se necesita para sostener un nivel de vida básico. Traducido: el sueldo alcanza cada vez menos y el margen de ajuste ya no existe.

El informe también traza un mapa comparativo por regiones. En el Gran Buenos Aires, el salario mínimo estimado asciende a $2.274.094, mientras que en la Patagonia llega a $2.226.026. Incluso en zonas con menor costo relativo, como Cuyo y el Noroeste, los valores no descienden de $1,9 millones mensuales.

En ese esquema, el NEA no queda al margen: superar los $2 millones como piso salarial confirma que el atraso no es un fenómeno exclusivo de los grandes centros urbanos. La crisis de ingresos es federal y golpea con fuerza también en las provincias del norte.

El dato se inscribe en un escenario económico adverso. La recesión, la caída de la actividad y la reducción de recursos que reciben las provincias achican el margen fiscal para otorgar aumentos significativos. Resultado: negociaciones paritarias cada vez más tensas y con menos espacio para cerrar la brecha.

El diagnóstico es claro, aunque incómodo: mientras los ingresos corren desde atrás, el costo de vida sigue marcando el ritmo. Y, por ahora, la carrera parece desigual.

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